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lunes, 29 de noviembre de 2010

Palabras malsonantes.

- Tampoco es que no te lo quiera contar, sólo es que mi vida no ha sido como para recibir elogios, ni mucho menos.
Recuerdo el día en el que mi madre, con los ojos morados y algún que otro rasguño en la cara me dijo que mi padre era un borracho y un cerdo, pero qué cojones, yo era un enano, y apenas me enteraba de nada. Veía a mi padre golpear a mi madre una y otra vez con el puño cerrado en la cara mientras ella lloraba, y aunque parezca mentira, pensaba que sólo estaban jugando. Jaja, era increíble ver cómo después de recibir semejante paliza, mi madre se levantaba y se metía tres rallas de cocaína ella sola, al son del sonido de la puerta principal que mi padre cerraba con furia, después me cogía llorando y me decía que no me preocupara, que mamá estaba bien. Pero claro, ahora lo entiendo todo.
- ¿No te dan ganas de llorar al recordar todo aquello?
- ¿Y qué ganaría con eso? Llorar sólo es para los que piensan que han hecho algo mal, y yo no tengo nada de qué arrepentirme. Por ejemplo, cuando mi padre me dejaba estar en casa mientras se trajinaba a un par de putas de calle baratas, y yo escuchaba sus gemidos tras la puerta de casa, o cuando, después del polvo se dedicaba a cortarles la cara y a pegarles. ¿Por qué tendría que llorar por eso? Si mi padre era un auténtico cabrón no es mi culpa, no tengo por qué derramar una sola lágrima por él.
- Pero es tu padre, ¿No sientes lástima de que hayan tenido que ser así las cosas?
- Naturalmente que siento lástima, pero al fin y al cabo no es algo que haya buscado yo, a cada uno le toca lo que le toca. Si tuviera que ponerme a llorar por todas las injusticias, por todos los malos padres y malas madres, por todos los desgraciados que matan a otros y todas esas paparruchas que salen por la televisión a la hora de comer, no me quedarían lágrimas para derramar ¿No crees? La vida es una mierda para algunos y un paraíso idílico para unos pocos, y a mí me ha tocado que sea la mayor y más asquerosa mierda que se pueda oler, bien, ¿Y qué?
- ¿Cómo que... y qué?
- Sí, ¿Y qué? A mí me dan ganas de vivir sólo por curiosidad, ya que no sé qué pasará mañana. ¿Y si resulta que mañana encuentro mi sitio, y una familia que me quiera? ¿Y si mañana encontrara el amor de mi vida, o un trabajo digno, en vez de tener que estar limpiando la mierda de los demás? Quién sabe.
- ¿Cómo es posible que demuestres tanta sangre fría al contar ese pasado tan traumático?
- ¿Sangre fría? Vamos, sólo te he contado una ínfima parte de lo que fue mi infancia. Joder, cuando me fui a vivir con mi madre con 9 años tenía que ver como cada día se traía a una persona diferente a casa, le sobaba las tetas durante media hora, entraban en su cuarto, se escuchaban golpes y gemidos, y después de cinco minutos salía un tío con los pantalones medio bajados, y con la mirada perdida, cogía la puerta, y se largaba de un portazo, después de eso, mi madre salía medio desnuda de la habitación, sudando como una puerca, me cogía en brazos y me acostaba. Además, después tenía que escuchar sus putos llantos y los gritos de todas las putas rallas que se metía.
- ...
- No contestes, no importa. Es sólo que hubiera preferido que no fuera así, obviamente, pero cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana, y si a mi padre le daba por maltratar mujeres hasta que llegó una que le clavó unas tijeras en la espalda mientras dormía, ¡Ja!,¿No te lo he contado?. Se lió con una yonki que frecuentaba su curre, y pasaron dos meses de relación hasta que la muy puta se hartó, y mientras estaba dormido, se fue hasta la cocina, cogió las tijeras de cortar carne, y se las clavó en la espalda. Obviamente me desperté por sus gritos, y nunca más le volví a ver, así que la última imagen que tengo de mi padre es su cuerpo ensangrentado y a la zorra que se lo cargó al lado, diciéndome que a mí no me haría nada, que sólo era un crío. Después se largó, y nunca más he vuelto a verla.
Bueno, el caso es, que si a mi padre le dio por ahí, es su problema. Y si a mi madre le dio por meterse en el mundo de las drogas con 12 putos años, joder, no es mi culpa, coño. La muy imbécil tenía el tabique nasal tan destrozado que podía moverlo de derecha a izquierda casi 3 centímetros. Y al final la acabó palmando por sobredosis. La tía se metió cuatro picos seguidos, y después se tomó 36 pastillas, no me preguntes de qué, porque no tengo ni la más mínima puta idea.
- ...
- ¿Qué pasa?
- ¿Podrías no usar tantas palabras malsonantes?
- No me jodas.. ¿Lo único que te ha ofendido de todo lo que te he contado son los tacos?
- No es eso, es sólo que...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Hay que follarse a las mentes

"- ¿Te gustan más los hombres que las mujeres?
- ¿En general dices? No, eso me da igual, el sexo es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar, es igual que con las drogas; A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas, o una polla increíblemente gorda... Bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen, me encantan, pero no me seducen. Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que detrás hay una mente que los mueve que merece la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente H, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes."



Fuente: Película Martín (Hache), Eusebio Poncela.

jueves, 25 de noviembre de 2010

¿La vida? Fémina odiosa

A diferencia de todas las absurdas hipótesis que circulan por ahí, como el típico: La vida es muy simple, nosotros la complicamos. Oh sí, qué inteligentes y qué racionales sois. Seguro que sois de esos que ponéis las primeras palabras con mayúscula, pero luego conjugáis los verbos como os sale de la punta de los pies (haber por a ver, dirías con dijeras o dijeses, y demás etcéteras).
Pues quiero romper una lanza a favor de otra teoría: La vida es muy complicada por naturaleza. A veces ocurren cosas, cosas que obligan a tu moral a bajar en picado, y eso no lo provocamos nosotros, sino la vida.
A veces, el ángel que esperas que te salve se larga a más de 3000 kilómetros de distancia, y nosotros no tenemos la culpa, sino las vicisitudes del destino.
Puede explotarte una bombona de butano en la cara y desgraciarte para toda la vida, y nosotros no tenemos la culpa, sino la vida.
Quiero echarle la culpa de que la vida sea tan complicada a la vida misma, porque la vida es muy dificil, digan lo que digan. Incluso cuando eres feliz, buscas el modo de que esa felicidad nunca cambie, y eso sí que es realmente complicado.

No sé, son muchas reflexiones sin sentido, pero es que últimamente no estoy muy inspirado para escribir apenas, y pido disculpas a la gente que lee este blog, que por pocos que sean, son los que me animan a seguir escribiendo y ofreciendo relatos.
Aunque sé que mis textos han pasado de ser alegres (aunque con infinitas pinceladas misántropas, lo sé), coloridos, con vida, con garra, a tristes, macabros, crueles y realistas, pero es por la época. El amor se marcha, y el sentimiento de impotencia al no poder perseguirle y estar con él es abrumador. Ella es mi vida, y la luz que me guía a través de este mar de letras, y sin ella no puedo escribir nada (o casi nada) decente.
Como ya dije en una ocasión: Ella es mi vida, y si mi vida se va, quiero ir con ella. Con ella hasta el fin del mundo.

"La verdad, esta vichyssoise de verborrea se está volviendo muy verbosa"

PD: Próximamente: Invasión ultrarealista. Sólo en www.ejercitodepalabras.blogspot.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

Bonito reencuentro.

El tren llegaría a las 11 y media de la mañana. Ambos estaban muy ilusionados, pues íban a verse por fin después de 3 meses, que parecieron años.
Cloe miraba el campo a través de la ventana del tren. Un campo primaveral, humedecido por el rocío matutino que brillaba en la hierba. Abstraído por sus pensamientos, algo vibró en su bolsillo y le quitó el ensimismamiento: Era su novio, que ya estaba en la estación de tren, al pie de la vía, esperándole.
Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro.

Jale aguardaba en la estación con las manos en los bolsillos. Todavía era demasiado pronto, pero no podía esperar; quería estar con ella ya. Su relación era una relación normal y corriente, con todos los altibajos típicos de una pareja de adolescentes. Cierto es que tuvieron alguna época tormentosa, donde las mentiras, los engaños, y el ocultamiento de la verdad hicieron verdaderos estragos, y las cosas tardaron mucho en solucionarse.
Pero como siempre decía Jale, las cosas siempre se solucionan, aunque no seas tú el que le ponga solución. Y ahora estaban en la edad de oro de su pareja, tan felices y tan enamorados.

Cloe llevaba encima de sus rodillas su equipaje, todo en su totalidad. Sólo era una mochila roja bastante grande, pero no dejaba de ser una mochila. El motivo por el que no había llevado maleta es porque sólo pasaría allí unos días, y no era necesario tanto armatoste para dicha empresa. En la mochila sólo había ropa limpia, un teléfono móvil, las llaves de su casa y la documentación.
Cloe guardó el móvil de nuevo en el bolsillo pequeño de su mochila, y se puso a pensar.
Pensaba en Jale, y en que ya quedaba menos de 10 minutos para reencontrarse de nuevo, abrazarse, saborearse... Íba a lanzarse sobre él desde el mismo tren, no podía esperar más. Quería lanzarse sobre él, y parar el tiempo para quedarse abrazados, sintiendo calor humano.


Jale observó el tren en la lejanía, y no pudo evitar esbozar una mueca de felicidad, completa felicidad. Por fin íba a pasar unos días con la mujer que amaba. "Aunque sólo sean unos días, serán los mejores días de mi vida", Pensó Jale.
El tren llegó hasta su nivel, y buscó el vagón 7 para ponerse a su nivel. Observó la cara de Cloe a través del cristal, y encuanto la puerta se abrió, se lanzó sobre Jale como un mihura sobre el capote. La mochila cayó al suelo, y Jale intentó cogerla con los brazos. Cloe cayó encima del chico, y todo pasó a cámara lenta.
Cloe, se puso a horcajadas sore Jale, y Jale caía de espaldas, muy despacio.
La cara de ambos era inmutable, Jale poseía una cara de susto terrorífica, y Cloe casi lloraba de la emoción.
Nadie podía detener a la gravedad, y esta actuaba. Jale cayó al suelo, y se golpeó la espalda. Todavía, nadie era consciente de lo que estaba ocurriendo.
La nuca de Jale impactó con gran fuerza sobre el asfalto, fracturándose el cráneo. De repente, todo fue más rápido.
Cloe comenzó a besar la boca inerte de Jale, y la gente les miraba de forma muy extraña (comprensible, por otra parte).
- Vamos Jale, deja de hacer el tonto.
Dijo Cloe sonriendo. Pero Jale no se movía, estaba muerto.
Cloe le sujetó la cabeza, y notó algo pringoso mezclándose con sus dedos. Se miró las manos, y se percató del hilo de sangre que corría calle abajo.
- ¡¡Jale!!
Su voz resonaba en la lejanía, y comenzaba a nublársele la vista.
- ¡¡Jale, por favor!!
Todo se volvió blanco, ya no veía nada. No podía ver nada.
- ¡¡Jale, te amo, no te vayas!!


Desde los pasillos del manicomio, una voz acallada por el dolor atormenta a su propia dueña.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Un punto de vista Alemán (parte 2)

Las lanchas anfibias comenzaban a llegar, y el capitán dio la orden:
- ¡Disparen los morteros, soldados. Vamos a sembrar el más absoluto caos! ¡Seig Hail!
Los proyectiles de mortero comenzaron a silvar el aire, y se empezaban a escuchar los gritos. Las balas salieron con fuerza, como si fuera un tromba de agua, pero sustituyendo las puras y efímeras gotas de agua por los crueles y metálicos proyectiles de nuestras armas.
Desperté, ya era la hora. Agarré fuerte mi arma y comencé a disparar. No disparaba con conciencia, pues no era yo, era la guerra que se había apoderado de mí, y ahora luchaba por sobrevivir.
Las lanchas se acercaron aún más, y el mar se comenzó a teñir carmesí. Los soldados americanos saltaban por la borda de sus lanchas antes de llegar a tierra, y la mayoría, moría atravesado por una bala.
Observé como algunas granadas de mortero caían sobre grupos de unos cuantos hombres, y sus extremidades y vísceras salpicaban la arena de la playa, y se juntaban con el mar, que se volvía aún más rojo.
Miré a mi izquierda, y allí estaba Hans, asustado, sin disparar, mirando la muerte y la destrucción que estábamos creando.
- No.. no puedo disparar.. ¡No puedo!¡Quiero irme a casa!¡Quiero abrazar a mi familia!
Hans salió corriendo, sollozando como un niño al que le acababan de robar un caramelo, gritando como un loco, y sin soltar mi arma, le repliqué rápidamente:
- ¡Hans no!
Sabía lo que pasaba si se retiraba de la batalla.
- ¡¡¡HANS!!! ¡Vuelve!
Observé cómo se alejaba de la zona de combate en la llanura posterior a la playa. Después escuché unos gritos provenientes de la aprte de arriba del búnker, y un disparo. Hans cayó en el acto.
- Eso ocurre si le dáis la espalda al tercer Reich. ¡A por la victoria soldados!
El capitan Zünner lo había dejado bien claro. Me sacudí la cabeza y agarré mi arma. Seguían llegando lanchas, y los pocos que conseguían salir de ellas con vida se refugiaban del fuego alemán en los erizos de playa.
Comencé a disparar de nuevo, matando soldados americanos para repeler el ataque y luchar por mi vida. Las lanchas que continuaban llegando se amontonaban en la playa, y algunas aplastaban los cadáveres que quedaban en la arena. Los médicos americanos intentaban sin éxito salvar alguna vida que otra.
Estaba realmente asustado, el corazón me latía a ritmo de jazz, y unas lagrimas cargadas de culpa escurrían por mis mejillas. Pero prefería ser asesinado por los invasores americanos que por mis propios camaradas, así que lucharía hasta el final.
Una bala pasó tan cerca de mí, que noté su fuego ardiente cargado de odio en la cara. Me oriné encima. Estaba asustado, quería volver a casa con mi familia, y no tener que presenciar nunca más tanta muerte y desolación. Sólo quería sentir calor humano, y dejar a un lado el odio y la ira.
Después de 30 minutos de frenético combate, se unieron a la batalla el escuadrón de tiradores, y cerca de 20 hombres entraron en los búnkeres, armados con Mosin Nagants, y comenzaron a disparar, matando a todos los enemigos que intentaban avanzar por la playa.
Los morteros seguían machacando las fuerzas americanas, y los gritos de dolor se extendían por toda la playa como un virus mortal.
Las balas arañaban la arena, y las vidas se apagaban rápidamente junto con la decencia.
Los morteros seguían destrozándolo todo, tanto la playa, como las vidas de los asaltantes.



Lo último que recuerdo es una gran explosión que me obligó a soltar mi arma. Caí al suelo sin poder moverme, incosciente. Cuando desperté, el sonido de las bombas y morteros, así como de los disparos, había cesado.
Veía todo borroso, y sólo pude observar el cañón de un arma apuntándome entre ceja y ceja, más tarde una voz, y una mano que apartaba el arma de mi cara.

Ellos tendrían conmigo la piedad que yo no tuve con sus compatriotas.

martes, 16 de noviembre de 2010

Un punto de vista Alemán (parte 1)

Las manos me sudaban como a un cerdo. Estaba muy nervioso, pero el olor a playa me relajaba mucho.
La tensión se palpaba en el ambiente, y todos estábamos muy callados, esperando.
La muerte se paseaba por los erizos de playa, y saludaba a los búnkeres. Pronto tendría trabajo, mucho trabajo.
- Omaha Beach, ¡Todos listos, sólo quedan 30 minutos!
Exclamó el capitán Zünner desde lo alto del búnker en el que mi compañía y yo estábamos.
Era un búnker de cemento armado, normal y corriente, justo en el centro de la colina. Tenía tres ametralladoras fijas en los agujeros que habíamos hecho para la ocasión, y un espacio horizontal a la altura de nuestras cabezas donde se apoyarían en menos de media hora más de 20 hombres dispuestos a repeler el ataque americano.
agarraba mi MG42 con fuerza, con mucha fuerza, y no pensaba soltarla. Era mi pequeña parcela de poder, y con esa ametralladora entre mis manos me sentía seguro. Miré a un lado, y observé que el cabo Hans estaba muy asustado. El sudor perlaba su frente, y un charco amarillento y humeante se dibujaba en sus pies: Estaba realmente asustado. Me miró.
- Yo... - La voz le temblaba presa del pánico, y agarraba la empuñadura de su arma muy fuerte. Tanto que el cuero de sus guantes comenzó a agrietarse -Yo no quiero estar aquí.. quiero estar en Berlín con mi madre y mis dos hermanos... yo... yo no quiero...
Miraba a todos los lados, desconcertado, sin saber a donde ir, así que intenté tranquilizarle diciéndole que no se preocupara, que el III Reich prevalecería sobre todas las cosas, y que duraría más de 1000 años, y que podríamos estar con nuestras familias muy temprano, encuanto terminara la invasión.
Me sonrió, pero con una sonrisa muy falsa. Pues yo sabía que estaba realmente acojonado, y era normal. Cuando se alistó al ejército sólo era un pobre recluta que no paraba de tirarse a putas con chancro y beber hasta que el hígado le reventara en mil pedazos. Pero ahora observaba la puta realidad, y esa realidad tan puta, que tan mal nos trata, era estar allí, a los pies de la playa de Omaha, esperando a los soldados americanos que pretendían librar a Francia de la ira del Fürer.
- Soldados, ¡15 minutos! - Dijo el capitan Zünner.
Hans se asustó aún más, y una lágrima comenzó a correr por sus mejillas.
- No vamos a sobrevivir, ¿verdad? - Me preguntó hans.
Le contesté que sí, naturalmente que sí, que haríamos lo posible por exterminar a los invasores. Maldita sea, no sabía qué más decirle. Lo único en lo que pensaba era en disparar, disparar y disparar.
Mi mente se abstraía pensando en el mar, ahora cubierto de erizos de playa. Una playa que estaba a su vez cubierta de búnkeres. A lo largo de casi 8 kilómetros se extendía la furia del imperio alemán, y sus poderosos búnkeres poseían torretas Flak-88, Ametralladoras Mg42, y todo tipo de artilugos explosivos que harían retrodecer al enemigo.
- Todos preparados, se ven tropas en el horizonte. ¡Sólo 5 minutos!
Ya estaban aquí... Agarré mi ametralladora con fuerza, y apunté.

martes, 9 de noviembre de 2010

La rebelión de las máquinas.

- ¿Quién ha creado todo eso, señor?
- ¿Cómo que quién ha creado todo eso?
- Sí, que quién es el responsable de que donde antes estaba Londres, ahora haya un inmenso desierto.
- Nosotros, por supuesto.
- ¿Nosotros, señor?
- ¿Quién te crees que ha creado todas esas máquinas? Cuando Skynet se nos fue de las manos, esos bichos metálicos comenzaron a destruírlo todo. ¿Recuerdas las Torres Gemelas?
- Claro que lo recuerdo, un loco voló las dos torres en el año 2001 estrellándo dos aviones contra ellas. ¿Por qué?
- Jaja, ¿un loco? todo mentira, ingenuo. Fueron las máquinas.
- ¿Las... las máquinas?, pero el terrorista salió en televisión confesando el crimen
- ¿Y piensas que el "terrorista" es un ser humano?
¿Recuerdas la invasión de Inglaterra por los Rusos? Todo completamente falso. No eran tropas rusas las que invadieron Inglaterra, eso fue lo que nos quisieron vender en los medios; Fueron las máquinas.
- ¿Por qué las noticias ocultaron esa información, señor?
- ¿Que por qué? A veces pienso que eres verdaderamente gilipollas. Pero ¿Cómo íban a explicarle a la población que SU proyecto, el proyecto militar en el que habían estado trabajando más de 50 años había fallado? ¿Cómo íban a explicarle al pueblo que sus propias creaciones se habían revelado contra nosotros causando caos y destrucción? No chico, el gobierno de los Estados Unidos quiso evitar problemas, y culpó a la humanidad de sus propias monstruosidades.
- ¿Y por qué esos trozos de metal entraron en mi casa y asesinaron a toda mi familia, y en cambio yo me libré de tener una bala del calibre 0.50 metido en el cráneo?
- Chico...
- ¿Y por qué esas máquinas mutilaron a todo mi batallón a sangre fría y a mí no me hicieron nada? ¿Por qué tuve que contemplar como las vísceras de mis compañeros me saltaban a la cara mientras yo quedaba impune?
Usted no sabe lo que es ver morir a sus propios padres, mientras sus fluídos cerebrales te saltan a los ojos. Usted no sabe lo duro que es tropezarte con las tripas de tus propios padres mientras intentas escapar de sus metálicos e inertes asesinos. ¡No tiene ni idea!
- Connor...¡Connor, vuelva aquí!. ¡¡Connor!!

viernes, 5 de noviembre de 2010

Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre

Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre: Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora, y siempre es la hora de evocarla sin dilación.


Hace 400 años, un caballero intentó librar a su patria de la tiranía de Jacobo I. Un hombre que luchó contra todo un país por defender lo que él creía correcto, y acabó muriendo como un perro ante el escarnio de todos a los que consideraba amigos.
Rememoramos este cinco de noviembre por la valía y entereza de este tipo de gente, que hacen que no decaigamos ante las dificultades del camino, y que consigamos ser uno contra el mundo. Porque todos los anónimos somos uno, y a la vez muchos. Todos juntos podremos vencer.



Un hombre quiso cambiar el mundo. Ahora nuestra comunidad Anónima intenta ser uno para hacer lo mismo: Hacer de este, un mundo mejor.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Macabro y cruel.

No vienes a enseñar, no vienes a aprender, no vienes a ofrecernos nada, ningún conocimiento, sólo la patética e insulsa voz de tu ignorancia.
Vienes a matarnos con el veneno de tus miserables palabras, vieja amargada.

Vivirás con más de diez gatos, y acabarás tus tristes días sola, completamente sola, devorada por tus mascotas, que maullarán con la boca ensangrentada, mientras tu cuerpo, decrépito e inmóvil se descompone lentamente en una eterna agonía.
Jamás te encontrarán, porque nadie te echará en falta; No te aguantan en vida, y tampoco te aguantarán en la muerte. Morirás sola, muy sola, entre hedores insoportables de muerte y danzas macabras de sombras felinas que, con sus ojos amarillos, observarán tu insoportable dolor etéreo una vez muerta. Y tu cuerpo descompuesto jamás, jamás descansará en paz. Y tu putrefacta piel se quemará muy lentamente en las poderosas lenguas de fuego infernales que te devorarán las entrañas hasta desear no haber existido nunca.

Te deseo lo peor. Cordialmente: Daniel Montes