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lunes, 30 de mayo de 2011

Torturas Nazis (parte 5)

6 de agosto de 1939.

- ¿Y si le ha pasado algo? - Preguntó Linda.

Sus ojos azulísimos se posaron sobre los de su madre, la cual observó de arriba a abajo su figura antes de hablar esbozando una sonrisa materna.

Linda era una hermosa mujer. Sus rasgos faciales poseían una armonía casi perfecta, con los pómulos apenas marcados, y una nariz proporcional y perfectamente ajustada al tamaño de su cara. Su sonrisa deslumbraba al sol con sus dientes alineados a la perfección bajo unos labios rojos y carnosos, sin ninguna grieta.
- Tranquila Linda, seguro que está bien. Se habrá retrasado un poco por el tráfico, o lo que sea, has de calmarte. - Dijo Angela, su madre, infinitamente parecida a ella, pero con una buena dosis de edad encima. El pelo, en vez del rubio completamente amarillo que poseía su hija, se había cubierto de nieve con el paso de los años. Pero aún así conseguía ser una mujer atractiva. Mayor, pero seductora al fin y al cabo.

Linda y Angela esperaban, junto a 1500 personas más, al pie de la iglesia mayor de Berlín. Sólo Angela y su hija aguardaban encima de las escaleras magnificentes y empinadas, con una alfombra de terciopelo rojo cubriendo cada escalón, que daban paso a la catedral.

Una catedral majestuosa, por cierto. De estilo gótico, con unos ventanales en forma de arco apuntado del tamaño de autobuses, con unas vidrieras que representaban escenas bíblicas . La planta estaba diseñada y construída en forma de cruz latina, y los increíbles contrafuertes y estribos con decoración flamígera, aguantaban el peso de los arbotantes que se adherían a los muros del edificio como patas de arañas negras gigantes.
El sol penetraba entre las inmensas vidrieras, y reflejaba su luz multicromática en el interior de la iglesia, llenándola de infinidad de colores y formas, dándole una espectacular visión épica.
La catedral estaba situada casi en el centro de Berlín, y una gran carretera pasaba a su vera (mejor dicho, delante suyo), que conectaba la gran catedral con la mayoría de puntos de referencia o situaciones clave de Berlín. Sobre una gran plaza, bastante austera, con la única separación de la vía asfaltada, y a excepción de la gran catedral, no se divisaba ningún otro edificio (al menos de características similares, con esas proporciones bíblicas majestuosas).

- ¡Coche, coche! - Dijo un observador de tantos que esparaban en la parte de abajo de las escaleras, y todo el mundo se giró hacia la carretera para observar el motivo de la alarma.

Linda sonrió al mismo tiempo que miró a su madre, la cual llevó sus manos hacia los hombros de su hija para colocarle bien el vestido. Un vestido blanco con detalles bordados en un plateado mate en forma de bucles y rulos que salpicaban toda la falda. El entallado de su cintura realzaba aún más la sinuosidad de su cuerpo cuasi-perfecto, contando además, con el detalle de que sus zapatos de tacón de aguja estilizaban aún si cabía su figura, elevando sus piernas, matizando el contorno de su pecho y sus hombros, y haciendo que el día de su boda pudiera ser perfecto. Al menos estéticamente hablando.

Llegó desde la solitaria carretera un coche negro, modelo Mercedes Benz W31 G con la capota subida, con dos banderas en los guardabarros de los faros, con un color rojo muy llamativo y una Esvástica dibujada a trazos perfectos en el centro. También llevaba, en la parte del capó, una serie de orquideas y lazos dando una clara imagen de nupcialidad.
El coche se detuvo en el centro de la carretera, en paralelo a las escaleras, y un hombre salió del asiento de conductor, con una gorra de chófer en la cabeza, a juego con su uniforme. Con su cara rechoncha y sus manos cubiertas por un par de guantes blancos, avanzó hacia la puerta de pasajeros que daba lugar a la parte de la catedral, y abrió la puerta, mostrando una siniestra silueta desde el interior del vehículo.

Lindërr puso un pie en el suelo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Cellisca Divina

- ¡Vamos, lanza otro! - gritó aquel hombre semidesnudo en el centro de aquella nada húmeda salpicadísima de césped.
Desde su posición, avanzando sin pausa y con brío en cualquier dirección, se tardarían más de 4 horas en llegar a visualizar a lo lejos cualquier figura humana.

La llanura repleta de césped se extendía hacia el horizonte como una marabunta de hierba mojada que brillaba a cada fogonazo que el cielo prendía. Los montículos inmensos de hierba dibujaban en la línea del fin del mundo sinuosas curvas de infinitas variedades cromáticas.

A cada descarga de agua provocada por esa cellisca divina, la hierba se volvía de un color distinto. Podía mantener un tono verde claro durante uno o dos minutos, pero el viento arrastraba hileras infinitamente largas, pero escuálidamente estrechas de césped, trazando ondas perfectas de contraste de colores en un estallido de belleza cromática húmeda.

- ¡Desata tu furia! - Continuaba gritando - ¿Sólo eres capaz de eso?

La imagen épica de un hombre únicamente vestido por una camiseta lila muy rota, y unos jirones de tela que tal vez podrían haberse llamado "pantalones" en un pasado muy lejano, se dibujaba en mitad de la llanura herbácea.

Mientras las nubes descargaban su furia sobre él, y los Dioses clavaban en el suelo sus espadas eléctricas, miraba hacia el cielo, como si allí hubiera una respuesta para alguna pregunta.
Extendía los brazos, y de vez en cuando gritaba cosas ininteligibles. Su larga cabellera y su vetusta barba, empapadas hasta la saciedad, le daban la imagen de un chico desarreglado, pero guapo al fin y al cabo. Con los brazos abiertos continuó gritando:

- ¿¡Acaso es el fin!? - tuvo que esforzarse por aguantar la risa.

Un relámpago cegador iluminó el mundo por unos milisegundos, y en vez de una negra noche, pareció como si el astro rey estuviera en ese instante saludando a la Tierra.
Las trombas de agua caían al unísono, y el chasquido que se escuchaba a causa del choque del agua contra la hierba resultaba sedante. O al menos lo podría resultar si no sonaran truenos cada 5 segundos como mínimo.
De pronto, aquel hombre de pelo largo y harapos echó a correr por la llanura. De vez en cuando, en su carrera, ponía los brazos en cruz, y gritaba al cielo con la boca abierta. Los rayos que golpeaban con dureza la hierba hacían retumbar el suelo, y casi perdió el control de sus propios pies desnudos y empapados.
Cuando por fin el azar tuvo a bien, las extremidades inferiores se le entrelazaron, haciendo que cayera al suelo, provocando aún más salpicones en la hierba. Era dificil adivinar cuál era el sonido que primaba en el ambiente; Si los rayos y truenos, o los proyectiles acuosos que, estando tumbado boca arriba, riendo a mandíbula batiente, impactaban contra su cuerpo semidesnudo.

- Vamos... - gritó con todas sus fuerzas - ¡¡Desata tu ira!!

Y continuó riendo, con los brazos y las piernas formando una equis, con los truenos haciéndo retumbar el mundo, con los rayos, como lanzas celestes clavándose contra el suelo. Y con toda su alegría, siendo 23 de Diciembre de 2012, olvidando su pasado de niño brontofóbico. Viendo que, realmente, no había pasado absolutamente nada, ya no tenía que tenerle miedo ni a la muerte.



NOTA: Se me ocurrió porque ayer hubo una tormenta de proporciones bastante fuertes en Logroño. Y había pensado que el día 21 de Diciembre de 2012 (que se supone que llega el fin del mundo, porque lo dijeron unos tíos con plumitas y taparrabos que, casualmente, han desaparecido) habrá una tormenta de estas características en algún sitio, incluso más potente. ¿No? ¿Cómo se lo tomaría la gente que en ese preciso día haya una gran tormenta en su ciudad? Me muero por averiguarlo. 

lunes, 23 de mayo de 2011

Inspiración, inspiración... ¿Dónde andas?

Vuelvo a estar en clase, en informática, aburridísimo. Cada día pienso que esta asignatura es más innecesaria. ¿En serio piensa que somos tan idiotas? No sé.


No esperéis que ex texto de hoy sea muy locuaz o inteligente. No voy a escribir un relato, sino una especie de pensamiento que llevo por ahí escondido. Más bien una especie de idea.

Había pensado en dividir mi blog en dos partes, ya que últimamente está teniendo bastante éxito. Una parte sería la de “relatos” propiamente dicha. Es decir: Para los textos con una historia, o al menos los textos considerados relatos como tal. Y otra para reflexiones, ideas, y pensamientos. Sólo que no sé dónde iría esto.

Tal vez debería hacer otra parte para una especie de “diario” para poner un poco mi vida o mis experiencias diarias personales. ¿Tendría éxito?



Bueno. Mucha gente me ha preguntado cómo es que mi blog no tiene tanto éxito como mis antiquísimos tablones de Tuenti, donde escribía una historia completamente real y autobiográfica. Lo cierto es que, gracias a la dichosa historia (titulada en un alarde de originalidad y pasión por los títulos extravagantes como “Mi historia”) conseguí pasar de 20.000 visitas a más de 140.000 en sólo 2 meses. Pero se ve que mi habilidad como escritor mermó a partir de ese instante, puesto que este blog apenas consigue 50 visitas diarias.

Sí claro, lo típico que dicen todos los adolescentes que escriben en Internet: “Esto lo escribo para desahogarme, no me importa si no lo lee nadie”. Menudo ejercicio de hipocresía tan grande. Está claro que si escribes en Internet es porque quieres que la gente lo lea, porque si no, lo escribirías en un documento Word, o en un papel, y lo guardarías para ti, como hacemos todos. Pero cuando redactas y lo subes a un blog. Y es más; Cuando te molestas en promocionar dicho blog y darte a conocer. ¿En serio piensas que nos traguemos que no te importa que no te lea nadie?
Pues yo lo digo bien claro: Quiero hacerme famoso en Internet gracias a mi blog. Una especie de “¡Ejército de palabras a ultranza!”.
No quiero ser una entelequia como esos famosos que tienen su minuto de gloria y luego caen en el olvido, no. Quiero que la gente se enamore de nuevo de mis textos, como antaño, y que necesiten entrar todos los días a mi blog para ver si he escrito algo nuevo.
Antes me llovían correos y mensajes pidiéndome que escribiera, pero fue hacerme un blog, y cambiar la cosa radicalmente. Antes recibía cerca de 12 ó 13 mails diarios, y ahora no llegan a 10 u 11 A LA SEMANA. Pues sí, me jode. ¿Qué pasa?



Me da mucha rabia, porque a veces tengo tiempo para escribir. Tengo silencio, un ambiente agradable, ni frío ni calor, ni mucha luz ni penumbra. Pero simplemente no escribo. ¿No tengo la inspiración necesaria? Me duele incluso la idea de saber que podría crear un texto en un determinado momento, pero no ponerme a hacerlo. El saber que tengo alguna idea por ahí, y que hace tiempo que no publico nada, pero no escribirlo. Creo que me explico con claridad… De todos modos estoy obnubilado por mis propios pensamientos, y además con la voz del profesor no puedo concentrarme en las letras. Sólo en bases de datos e instrucciones para niños de 5º de primaria.



Necesito pensar. No sé dónde diablos estará mi inspiración. Tengo algunas ideas en mente para escribir, pero necesito madurarlas, todavía no están a punto.

Las ideas para escribir son como la música: Hasta que no te aprendes la canción no puedes cantarla a la vez que la escuchas. Pues esto es igual. El texto tiene que estar YA en tu cabeza, y es entonces cuando puedes proceder a pasarlo a su variante escrita.

Tengo que relajarme. Necesito sentir, porque ha quedado demostrado que para escribir, pensar no sirve de nada.



¡Siente, no pienses!





PD: Disculpad la verborrea innecesaria y el excursus en lo que ha derivado el texto. Pero Necesitaba desahogarme. Y que lo leyerais, mis amados. Qué digo: Amadísimos lectores.

sábado, 21 de mayo de 2011

Cuestión de fe. Parte 3 (Ateísmo)

El corazón deja de bombear sangre al cerebro y este deja de emitir impulsos eléctricos.
Todo se para.
Oscuridad absoluta.
Ni te enteras.
Negro.
Fin de todo.
Sin Dios.
Ni más allá.
Ni nada.

Y punto.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Cuando las palabras calan.

Durante mucho tiempo me he dedicado a recoger en un cuadernito todas las frases que me parecían interesantes, o con algún mensaje.

Muchas de estas frases las han pronunciado personas que ni siquiera saben que las han pronunciado, pero me encargué de apuntarlas para ahora poder escribirlas y compartirlas con todos.

Esto es una opinión personal, y sé que no coincidiré con la mayoría de los lectores.
Voy a poner una especie de "top" de todas las frases más célebres que me ha tocado leer o escuchar. Muchas son mías, otras muchas son de gente famosa, y otras tantas de gente que no es famosa. No tienen jerarquía, es decir, no están ordenadas en ningún tipo de criterio, símplemente había que poner unas antes que otras, y es totalmente al azar.

Allá van.


"Antes no había ni izquierdas ni derechas, sólo había políticos" (Mi padre)

"No estoy de acuerdo con tu opinión, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarla" (Voltaire)

"Decís unas tonterías que asustáis al misterio" (Profesora de Márketing y animación del punto de venta)

"El sentido común no es el más común de los sentidos" (Mía)

"No he visto nunca a gente poseída por Satanás, pero sí que he visto realmente a gente poseída por Jesucristo" (Dross Rotzank)

"Confundimos el honor a la Patria con el fanatismo político" (Mía)

"Nunca pongo la tele de fondo. De fondo siempre llevo mis pensamientos" (Compañera de clase)

"Si supiéramos lo que estamos haciendo no lo llamaríamos investigación" (Einstein)

"Cuando vuelvas a casa y veas a tu hijo, atízale. Quizá tú no sepas lo que ha hecho, pero seguro que él si lo sabe" (Anónima)

"Odio la rutina de tener que hacer cada día una cosa diferente" (Mía)

"Mi holgazanería no me deja tiempo para nada" (Alphonse Allais)

"Cuando los chinos despierten, temblará el mundo" (Napoleón Bonaparte)

"La libertad de expresión, es poder decirle sin represalias a la gente lo que no quiere oír" (G. Owell)

"La diferencia entre un loco y yo, es que el loco cree que está cuerdo. Yo sé que estoy loco" (Salvador Dalí)

"Lucho por lo que amo, amo lo que respeto y, a lo sumo, respeto lo que conozco." (Adolf Hitler)

"Cuando señalas a alguien con un dedo, hay otros 4 dedos señalándote a tí" (Anónima)

domingo, 15 de mayo de 2011

Hoy he visto a la Luna

Hoy he visto la luna. Quiero decir, la veo todos los días, pero jamás la había visto así. Algo increíble.
Andando por la calle, noche oscura a ultranza y mucho frío en el ambiente. Tanto frío que incluso comencé a tiritar, y con las manos en los bolsillos alcé la vista, y allí estaba, redonda e impoluta.

No podía dejar de mirarla, jamás me había pasado algo similar. Un ensimismamiento asombroso, una fijación casi obsesiva. No podía apartar la vista de aquel astro que se alzaba brillante en el firmamento. No se veía nada más en el cielo, ni estrellas, ni aviones, ni nada que no fuera la escarificada cara de la Luna, mirándome impoluta desde allí arriba.

De vez en cuando unas nubes jugeutonas se acercaban para pasar delante suyo, y sentí una sensación de superioridad casi orgásmica. Me sentí del tamaño de un gigante, como si las distancias no existieran. "Parece como si no estuviera realmente tan lejos", Pensé. La veía tan grande y preciosa, redonda y amarillenta, con mares de montañas y cráteres en su superficie, pero como si pudiera llegar a tocarla.

Mi cerebro sintió que debía alzar los brazos en pos de ella, pero me mantuve sereno, y continué mirándola. Mientras recorría las tranquilas calles de Logroño, observé su brillo reflejado en los edificios y en la brea de las carreteras, y sentí una extraña sensación de fuerza y poder. Y seguía sin poder dejar de mirarla, y volvían a pasar finísimas nubes emborronando su imagen celestial, y volví a sentir la sensación de poder tocarla. Cada vez la sentía más cerca.
Se puede decir, que hoy he visto la luna, y mientras el frío me calaba en los huesos he sentido su presencia, como si estuviera a 2 palmos de mi. Durante unos minutos he sentido como si el universo no fuera, en realidad, tan grande, puesto que la Luna me ha mirado a la cara, y me ha pedido que no dejara de observarla.

No existían ni siquiera las estrellas, sólo se alzaba ella magnificiente en el cielo, grande y redonda, con una textura muy parecida a la de una bola de helado de vainilla. Pareciera como si se fuera a derretir en cualquier instante, como si pudiera darle un bocado y sentir una explosión de sabor celeste.

Continué andando por las calles logroñesas semidesiertas, y sentí más cerca el satélite. Sentí que estaba ahí, que casi podía acariciarla. Sentí que la Luna me hacía el amor de forma visual, como el nivel ulterior del placer carnal, como la virtud suprema de la entelequia sexual. Como si su deslumbrante reflejo solar pudiera abrazarme desnudo y sentir luminosa como el día la oscuridad nocturna que la Luna me aluzaba desde su trono orbital infinito.

Hoy, he visto a la Luna, de la forma más visceral, clara, literal, llana, taxativa, carnal, plena, e incluso lujuriosa de la palabra.

viernes, 13 de mayo de 2011

Corazón de papel.

Un corazón de papel intenta latir en la nada. Sus pliegues se enroscan al paso de las llamas, y grita de dolor. Se transforma en una figura ígnea, que se vuelve primero roja brillante con centelleantes chispas amarillentas, y más tarde se torna de un gris pálido y triste. Arrugado y frágil, se deshace en el infinito ante una sonrisa torcidaa y maquiavélica por culpa de un cráneo amorfo protegiendo una mente privilegiada.

Arde el corazón de papel, y se pulveriza en infinitos pedazos de fúnebres vestigios de celulosa, y al otro lado espera la sonrisa perfecta. Dientes alineados como un xilófono con la misma nota, y una memoria que lo graba para sí. Una bonita sonrisa en la memoria.

Arde el corazón de papel, que intenta latir, y con nada intentona convulsionada se deshace aún más, y la sonrisa que intenta contenerlo se deforma. El cráneo que la hace estar ladeada se vuelve blando y pegajoso como el lodo, y los dientes comienzan a afilarse y a crecer formando riscos y sables amarillentos, abriéndose para dejar ver una lengua larga y afilada, moviéndose hacia todas direcciones buscando una presa, unida al paladar por unos hilos que parecen de diamante, pero están conformados por la más corrosiva de las sustancias.

Al otro lado, mientras el corazón de papel se consume, en una luz brillante cada vez más tenue, espera el rostro de Dios, acurrucando en su seno al corazón de papel marchito y decrépito, pulverizado en ceniza traviesa que intenta huír con cada ráfaga de aire. Corazón de papel, corazón de papel, observa ahora el rostro de Dios. Corazón de papel, observa un cráneo perfilado en platino, con una sonrisa perfecta, que se graba en tu memoria.


Corazón de papel, nunca tuviste a bien grabarte un monstruo en la cabeza, pues su complejo tal vez te lo haya impedido. Corazón de papel, no importa cuántos complejos hubiera podido tener, sólo importa que haya que recordarlo cada día. Corazón de papel, no importa cuánto sufrimiento haya aportado la burla de unos demonios a mi causa, sólo la inferioridad que me supone el sentirme como una mina de lápiz.


El corazón de papel se consume casi al fin en el infinito, y sus cenizas se acurrucan en la dulce sonrisa de un ángel, que desprecia el deformado complejo de un cerebro triste. Corazón de papel, corazón de papel. Ahora puedes llorar de la emoción. O tal vez para apagar tus llamas antes de que sea demasiado tarde.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Aburrimiento en clase.


¿Nadie se siente identificado con esa sensación de aburrimiento tan grandísima que serías capaz de suicidarte del tedio? Pues es lo que estoy sintiendo yo ahora. Bueno, excepto lo del suicidio.
Clase de informática, palabras sueltas que no me interesan lo más mínimo, y un profesor, que seguramente haya tenido problemas con ciertas sustancias en un pasado, nos trata como si fuéramos imbéciles. Auténticos idiotas.

Esa sensación de tener como un cansancio en el pecho. Es decir: Tú estás lleno de energía, pero tu cuerpo se aburre como un coral en el fondo del mar. Un cansancio, y un aburrimiento…

Ahora se pone a filosofar, madre de Dios. “siempre lo he dicho: Lo que mejor hace el ser humano es matarse”. Pero maldita sea, eso no es verdad. El ser humano, lo que mejor hace es vivir, porque es innato. Bueno, mejor dicho nacer, puesto que vivir y estar vivo es muy diferente. Bueno, pero eso, que el nacer no lo controla nadie, naces y punto. Por tanto eso es lo que mejor hace el ser humano. El ser humano puede matar o no, pero nacer, ha nacido, eso está claro. Además, ¿No te puedes limitar a dar clase, que es tu trabajo y para eso te pagan?

Y encima el cielo se está encapotando, y no tengo otra ropa que una camisetilla corta y un pantalón corto. De puta madre. Y ahora sigue aburriéndonos contándonos de dónde viene Internet. ¿Pero por qué da por hecho que no lo sabemos? A un friki de la informática como yo se le ve venir de lejos. Creo que le  daban collejas de pequeño en clase. ¿Nunca os habéis imaginado al profesor de turno (vuestro tutor, o profe de matemáticas) de pequeño? Bueno, pues mi profesor tiene pinta de señor respetable, con gafas de patilla fina y cristales gruesos, con pelo corto y canoso, y me atrevería a decir que si no le conociera de nada y le viera por la calle por primera vez, me resultaría entrañable.

Pues de pequeño seguro que tenía el pelo afro y rizado, y con gafas de culo de vaso, con dos paletas de remo por dientes. Como una especie de versión blanca y europea de Stiff Urkel, como el nivel ulterior de lo empollón.  Con unas bermudas color beige, y con camisetitas de Naranjito y Curro de color blanco. Con un parche en el pantalón y con cinta aislante en las gafas. Seguro que le pone cinta aislante negra a las gafas blancas, o cinta aislante blanca a las gafas negras. Coño, si tienes gafas blancas ponles cinta aislante blanca, porque ponerle cinta aislante negra es buscarte el guantazo.

En fin, creo que voy a subir esto al blog. Sé que no es muy bueno, pero es que no se me ocurre nada mejor ahora mismo, mi inspiración está en el subsuelo. Mis neuronas están pensando en tomarse unas vacaciones, y a mí de momento me interesa estar consciente.

martes, 10 de mayo de 2011

El calor de la noche.

La noche. Todo el mundo le teme a la noche; La oscuridad, los peligros, las alimañas, el frío..
La noche, sin duda, es un gan peligro, pero mira más allá, observa que no todo lo que la noche arrastra es malo, sino todo lo contrario....

En las ciudades se escucha el murmullo de un jazz desafinado. A la luz de la luna, los saxofonistas entonan una agradable sinfonía que llena de sesgada paz las calles penetrando en los edificios y llegando al corazón de la gente.

Sienten la brisa sonora acariciar su cara, y permiten que la dulce melodía entre en su alma, para sentir el calor que los saxofones irradian en la noche acariciados por manos expertas.
Una pareja se siente atraída por los cantos de los instrumentos, y se dan amor el uno al otro. Se sienten como una sola persona dentro de su morada, abrazados. Y las estrellas observan su pasión ardiente, sienten el calor de la noche.

Los chavales juegan en la playa casi en absoluta oscuridad. Sólo el manto de estrellas y luna llena que explota en el firmamento ilumina sus rostros. Lo sufiente para sentir el frío pero agradable tacto de la arena fina haciéndo el amor con sus pies desnudos, y encontrar con las manos la faz de su media vida, y besarse mientras la luna sonríe delicada, como una gran bola de helado de nata y vainilla azucarando la Tierra.
Las ciudades costeras se llenan de vida, y la gente se divierte. El olor de sus bazares, la poesía de sus juglares urbanos, el arte de sus músicos callejeros, vendedores ambulantes y mucho camino por delante.
Los niños se duermen en los hombros de sus padres, debido al cansancio de todo un día colmado de cosas acabadas, y por fin como cúspide la noche que ofrece poder y calor a las entrañas de un cuerpo pequeñito, pero repleto de vida, que acarician su cabello sedoso mientras sonríen, se miran, se cogen de la mano, y se dicen "te quiero" sin decir nada. Y parten hacia su morada.

En la noche, los cometas rozan la bóveda celeste, y saludan con sus estelas ardientes al universo, que siente su magnificiente poder, y su calor ígneo pero incorpóreo. El calor de un astro.


En la noche, un joven decidido se sienta delante de un boli y un papel, y con un ejército de palabras en la mente, y otro de lágrimas en el corazón, piensa que al fin y al cabo no todo es tan malo, que si hay tanta maldad es porque existen las personas nobles. Si la oscuridad intenta imponerse una vez se haya marchado el sol, las estrellas estarán ahí como gusanos luminosos, con sus chiribitas centelleantes, como salpicones de pintura blancuzca para recordarnos que, aunque el sol se haya ido, sigue habiendo luz al final del tunel, y que por tenue que sea, no desaparecen de un día para otro. Ni siquiera en un millón de años.


"Están ahí para recordarnos que del miedo nace la esperanza. Del mal nace el bien. De la luz nace la oscuridad. Y de los sueños nacen las ilusiones, así como las ilusiones son el único sentido de nuestra vida. 
¡No pienses, siente! Siente el calor de la noche."

lunes, 9 de mayo de 2011

Qué pesadez

"¡EEEEEH! ¡eeeeeeeh!
Pásala, joder. (Risa increíblemente aguda y asombrosamente realista para ser falsa). ¿NO juegas?
¡Bam!¡Bam!¡Bam!
¿A dónde vas? ¡Que me voy a comprar chuches!
Santiagoooooooooo (acento sudamericano cerrado, parecido al mexicano, pero sin ser mexicano).... silencio.... de nuevo: Santiagoooooooo.
¿Quéeeeee?
¡Bla bla bla bla bla (balbuceos constantes sin sentido) Marianaaaaa!
Vaaaale mamáaaaaa.
¡Bam!¡Bam!¡Bam!
(Risa forzada de nuevo)
¡EEEEEEEEH!
(de nuevo la risa y otro golpe)."

Bueno, eso es lo que estoy escuchando ahora mismo en este preciso instante, y así cada día, prácticamente desde las 3 y media de la tarde hasta las 11 ó 12 de la noche. Lo siento, pero así no puedo escribir.

martes, 3 de mayo de 2011

Exprime pensamientos

Coge un pensamiento, cualquiera sirve, cualquier cosa que tengas en la cabeza. Un pensamiento algo grande, esfuérzate un poco. Piensa en esa idea mientras sigues leyendo.

Seguro que te ha pasado alguna vez que estás leyendo un libro con toda tranquilidad y no te das ni cuenta de lo que estás leyendo, obligándote a subir la vista y releer lo que antes habías leído. Cuando lees y piensas en otras cosas, y necesitas volver a conectar y releer lo escrito.

Seguro que te ha pasado alguna vez que, sin saber por qué, desconectas de la historia que estás leyendo para sacar tus propias elucubraciones sobre un tema, generalmente, ajeno a la obra.
Pues eso es lo que quiero que hagas. Coge una idea que esté latente en tu cabeza, una idea buena, un pensamiento agradable, un recuerdo placentero, y piensa en él mientras lees esto.
Vamos, exprime ese pensamiento, saca la esencia de la idea de tu cabeza, pero sin dejar de seguir estas líneas.

Seguro que no quieres que se acabe el texto para poder seguir con la mirada semi-perdida las letras mientras piensas en tus cosas, en esa idea que rebota en tu cabeza. No te preocupes. Al fin y al cabo estaba hablando de ese fenómeno, así que no te has perdido nada interesante, querido lector.
Seguro que tanto los escritores nobeles como a los grandes les pasa lo mismo.

¿Ya has terminado de aplastar ese pensamiento para sacar su esencia? Creo que no.
 Vamos, sigue pensándolo. Sácale todo el provecho a tus ideas, y haz que fluyan por tu mente.
 Dale la celeridad que merezca a cada pensamiento, y madura las ideas que estás pensando mientras lees este texto. ¿Eres capaz? Seguro que sí, así nació este texto de hecho.
 Con el profesor de informática hablando y hablando y hablando […] y hablando, y mientras le estaba escuchando, pensando en mis cosas. Es decir, podía entender lo que decía, escucharlo, y entenderlo, y aún así estar pensando en mis cosas completamente abstraído del resto del mundo, tal y como a veces me pasa con los libros.
Con cualquier libro.

¿Has conseguido sacar algo en claro, por nimio que sea? Tal vez necesitemos, entonces, libros con palabras sin sentido. Con cohesión, pero sin coherencia, para poder pensar en nuestras cosas. Es decir: Un libro de tamaño medio pero sin título ni historia, tan sólo frases sin sentido, todas juntas, con sus párrafos, sus capítulos, y su “historia”, pero sin coherencia. Sólo para sentir esa sensación de placer-frustración que actúa en nuestra cabeza cuando lees, y no sabes lo que estás leyendo porque estabas madurando ideas dentro de tu cabeza. Deberían existir.

domingo, 1 de mayo de 2011

Oda a ella

Me llevó dentro de su vientre durante nueve largos meses. Conectados por un cordón, mientras me alimentaba de ella, y nuestros corazones se sincronizaban. Aguantó los vómitos y las arcadas mientras yo estaba dentro, y sonreía al poner la mano sobre su barriga y notar mis patadas. Notaba como mi vida se iba gestando dentro de ella, y sentíamos calor el uno del otro.

Quise nacer, quise salir al exterior para conocer a la persona que me tuvo en su cuerpo tanto tiempo, y deseaba que saliera para quererme y cuidarme. No se enfadaba cuando le golpeaba inconscientemente con mis manitas de bebé, ni cuando le mordía cuando me alimentaba. No se enfadaba cuando, en mitad de la noche, mis llantos despertaban a todo el vecindario, y me abrazaba hasta que conseguía calmarme. No se enfadaba por nada, y me acurrucaba en su seno dándome el amor que sólo una madre puede dar a su hijo.
Estuvo ahí para alimentarme, para enseñarme a hablar, a correr y a caminar (por ese orden). Me acariciaba las cejas posadas sobre mi piel de pelusa hasta que me quedaba dormidito, y después me daba un beso en la frente y volvía a la mañana siguiente para comenzar otro día juntos.

Sufrió como María cuando me veía llorar en épocas de desesperación. Miles de llantos que me hicieron morir un poco más, y darme asco a mí mismo. Pidiéndole perdón una y otra vez en silencio, sabiendo que me perdonaría. Lloró por mí tanto como no se merecía llorar, y  mi vida se apagaba a cada llanto. En esos tiempos oscuros, una sonrisa de mi madre bastaba para volver a creer en la humanidad, para volver a levantarme otra mañana y saber que ella estaría ahí para darme un abrazo.

Me dio la vida, y me la da cada día. Formó mi cuerpo dentro del suyo, y me dio una existencia, me dio un cuerpo terrenal, físico, real, con el que poder amarle, y llorar tratando de explicar sólo con palabras todo lo que siento por la cuna de mi razón de ser. Pero aunque las lágrimas mojen las manos con las que escribo, jamás podrán emborronar lo que mi madre me ha dado.

Los amigos, las relaciones, los objetos o incluso en ocasiones, los conocimientos, vienen y van, pero el amor que siento por mi madre jamás podrá evaporarse. Jamás se disolverá, y nunca podré separarme de mi matriz. De la persona que me dio la vida, y me da un motivo para no perderla después de habérmela ofrecido, aunque la daría por ella. Se sentaba a mi lado cuando me veía llorar, me secaba las lágrimas, y lloraba conmigo.

Una rosa, un texto, una joya... son símples objetos que puedo regalarte de forma física, pero jamás podrán, bajo ningún concepto, igualar todo lo que tú me has regalado: Mi vida, mi madre.

Te quiero, mamá. Tu sonrisa me da la vida otra vez más.