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lunes, 30 de enero de 2012

Conciencia creativa


¿Cómo echar de menos a un personaje? Preguntarse qué ha sido de él, dónde cayó, por qué nos separamos..
¿Cómo es posible sentir cosas por alguien creado por mi en forma de letras? Será posible...
Echar de menos a mis personajes, querer decirles cosas. Querer estar con ellos, querer conocerles en persona y seguir escribiendo sobre ellos.

A veces pienso que estoy loco por eso. Loco que no enfermo.
De todos modos, mis personajes son míos, sólo míos.

¿Se puede sentir algo por alguien que no existe? Me refiero, saber que en realidad no existe, que no existe ni existirá, que no existirá jamás porque es producto de tu imaginación. Pero no en el sentido de que tu cabeza te juega malas pasadas y proyecta cosas en el espacio que en realidad no están ahí, y puedes verlas. No.

Me refiero a que ha sido creado por ti conscientemente, has podido evocar una sonrisa al pensar en ese personaje, has pensado en "¿Qué estará haciendo ahora?" e instantáneamente, medio segundo después has pensado: "Qué diablos estoy diciendo, si no existe, imbécil".

Crear un personaje... Algo tan real que puedas sentir cosas que sentirías por una persona.
Poder dotar a un puñado de letras del sentido de toda una vida. De varias vidas.

A veces me asusta saber que puedo escribir, describir, narrar, y relatar, no tan bien, pero si tanto como para poder pensar eso, aunque sólo fuera por un instante.

¿Podremos ser los escritores considerados como "Dios"? Sin malinterpretaciones, Dios en el sentido del que "todo lo crea" y "todo lo ve". Escribo, relato, narro, creo, destruyo, siembro, recojo, doy a luz, y mato. Todo a la vez.

sábado, 28 de enero de 2012

Pronto

Pido perdón a mi propia inspiración.

Estoy trabajando en algunos proyectos literarios, pero últimamente paso por un bloqueo creativo de mil demonios.

Volveré pronto con Torturas Nazis, con relatos bélicos y, por supuestísimo, con Eva.

Muy, muy pronto. (puede que incluso mañana).



"Sin prisa. Al fin y al cabo, los que corren es porque ya llegan tarde"

martes, 24 de enero de 2012

Bio


No recuerdo cuando ni como nací.
Me lo contaron pero no me lo creo.
He vivido ruinas, éxitos, fracasos, ruinas de nuevo, migrañas, resacas, jaquecas,
caretos de payaso, desengaños, cuernos, vomitonas de pordiosero, halagos falsos,
palmaditas de "te mataría pero no me atrevo",
amigos de sangre y enemigos sangrando, amigos muertos y enemigos llorados,
conversaciones con mi espejo dándome asco,
mentiras, verdades, traiciones sufridas y cometidas, embargos,
traspiés de casi me mato y muertos de la mano.
alegrías, sonrisas, carcajadas caras y baratas,
dormires en tempestad y la mas absoluta de las calmas.
He vivido todo eso y mas.
He vivido todo eso y menos.
No lo recuerdo.
El día que muera que no está muy lejano,
justo antes de cerrar los ojos pasará todo en viñetas de tebeo como un telonero ciego...
y entonces, solo entonces sonreiré muriendo para nacer en otro cuerpo.

NOTA: Este texto NO es mío. NO lo he escrito yo. Los méritos de este texto van para Hovik Keuchkerian Burgui. Un boxeador, escritor y cómico, cuya página principal es http://www.hovik.es pero este texto me parecían tan increíblemente bueno que tenía que colocarlo aquí.

domingo, 22 de enero de 2012

Denota cordura


Que dicen que es la locura cuando sabes qué decir, y lo dices. Al menos eso dicen. Dicen los que saben que quieren decir.

Sé que sé lo que quiero decir, como loco escribo pero como cuerdo hablo.
Que a veces pienso tan fuerte que siento que me están hablando.
No lo esucho, pero lo pienso, lo siento, lo llevo, lo traigo, aún sin querer cogerlo lo cojo, lo manipulo, lo ofrezco a sectarios sedientos de pensamientos sangrantes. Se lo comen mientras su víctima grita, y me siento bien.

Me asusta a veces, pero sé que es parte de mi, que a todo el mundo le pasa. Sé cual es el límite entre estar loco y estar enfermo, y he de sentirlo por mis enemigos que desean verme destruído, pero no he cruzado ese límite.

Que mi mente actúa por separado, sí. Que mis pensamientos no son los que yo quiero que sean a veces, pero no me asusta. Sonará ególatra, puede que altanero, pero es mi mente. Jodida mente enferma. Sé que me estás escuchando, porque sé que sólo me obedeces a mi.

Siento cosas sobre mi propia mente. Podría fugarme con ella. Fugarme a algún sitio recondito y escondido, alejado de la mano de Dios, perdido y secreto. Oculto.
Podría quedarme allí con ella, en ese onírico paraje de descanso y paz donde por fin la mente respira tranquila, respira conmigo. Llena sus etéreos pulmones de alentadora espera. ¿Querrá ella venir conmigo? Llevamos tanto tiempo distanciados...
Al fin y al cabo le quiero. Es mi mente, por muy chiflada que esté. Por muy loca que quiera estar, por muy estúpido que me quiera hacer ver que soy. No va a descubrirme nada nuevo.

Quiero que mi mente deje de ser parte de mi de una vez. Quisiera evaporarle, para ver que se siente al ser libre de esa carga. Tanto tiempo con la conciencia acuchillando las paredes de la cordura... Que vuele de una vez. A ver qué pasa.

Ser normal, ser un niño de nuevo. Volver a tener la oportunidad de tener buenos recuerdos, quisiera.
Que mi mente deje de estar unida por fin al fino sedal que ata el globo de mis pensamientos con la infantil mano de mi cuerpo.
 ¡HUYE! Corre ahora que estás a tiempo.


Pero sé que eso no va a pasar. Jódete.


Mente mía, este no es lugar para ti.


"Hay una gran diferencia entre estar loco y estar enfermo, imbécil".

lunes, 16 de enero de 2012

Algo así ¿No?


Yacía tumbado en la cama, con música clásica (sólo algo clásica) y un teclado sobre su regazo.
Su postura, algo incómoda pero perfecta para escribir sin tener que moverse mucho, resultaba al colocar las rodillas como dos montañitas hechas de pijama que sobresalían del lago del plasmador de ideas al documento que tenía abierto en la pantalla.

Mozart seguía azotando sus oídos y estimulando su imaginación, ya un poco castigada por la adversidad y la fatiga, y las voces de discordia que pretendían enfurecerle en forma de lucecita naranja continuaban emergiendo una y otra vez.
Recorría con los ojos cada tecla, y cada palabra que escribía le resultaba un poco más auténtica que la anterior. Se dio cuenta entonces de que nunca había escrito nada como lo que estaba escribiendo en ese momento. De hecho, pensó, nunca había escrito nada en la postura en la que lo estaba escribiendo.
Lo cierto es que se pueden escribir cosas de muchas formas, tamaños, colores, tipogtrafías, y posturas, pero precisamente tumbado en la cama, con el teclado apollado en las piernas y en el tronco jamás, nunca lo había hecho.

La música cesó, y pensó en la siguiente frase. Qué ingenuo eres. Deberías dar una vuelta. Despejarte, mirar los edificios, mirar al suelo, y mirar a la gente, a ver qué pasa. Tal vez algo de inspiración se cuele por ese tejado mugriento que algunos llaman cabeza.

Yo prefiero llamarlo estercolero; Está repleto de basura que a nadie le parece agradable, pero con muchísima suerte, podrías encontrar algo de valor. Algo muy valioso que algún escéntrico millonario tiró por la taza del váter porque pensó que tampoco valdría tanto. Era una especie de joya cubierta de heces. Una especie de joya. Si, agún tipo de especie era, eso lo tenía claro.

Podía pensar, y de hecho era lo que estaba haciendo.Y tomó un descanso.

Volvió un instante después a las andadas, consciente de que estaba comentiendo muchos fallos, tanto en la ejecución como en la forma de escribir, como en su vida, pero no le importaba lo más mínimo. Mi texto, mis normas, pensó.


Claro. Como si fuera todo tan fácil. Ponte a corregirlo, idiota.

jueves, 12 de enero de 2012

Esta es mi guerra.


No me pagan por pulsar un botón, sino por saber qué botón es el que hay que pulsar.


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¡Soldados, monten armas!

Hemos luchado muy duro para llegar hasta aquí, y sé que las fuerzas se agotan. Sé que es muy duro esquivar las balas del enemigo, y escuchar el silbido de ese plomo asesino hiela la sangre. Pero estamos aquí porque somos los soldados de la guerra más dura que puede llevar a librarse en el corazón de cualquier persona.

Sé que es duro despedir a un líder, y también sé que es duro aguantar, seguir, resistir un día más en las filas. Sé que nuestro entrenamiento es muy pobre e inexperto, pero tenemos toda la vida por delante para aprender.

El enemigo, temblará a nurestros pies, el enemigo más mortífero de todos. Sólo tenéis que miraros al espejo.
No vamos a dejarnos vencer. No vamos a caer tan fácilmente. El enemigo espera que nos rindamos a la primera de cambio sólo porque saben que podrían aplastarnos con un solo dedo, que podrían llevarse nuestras provisiones, nuetras armas, nuestra moral, incluso. Pero... ¿Por qué no viene y, símplemente nos destruye, soldados?

Yo os lo diré. El enemigo nos ama, nos quiere, nos desea. Se sirve de nsotros para seguir respirando un día más, robándonos el oxígeno, dejándonos sin aliento, volviéndo a dárnoslo cuando más le conviene, cuando prevé que nuestro final está cerca.

Sonríe con cada batalla ganada, porque sabe que puede ventlarse esta guerra cuando le plazca. Pero nos quiere tanto como nosotros le queremos a él.

No, soldados, no vamos a rendirnos, vamos a luchar, a seguir adelante. A batallar día y noche, con lágrimas en los ojos. Con heridas lacerantes por todo el cuerpo. Con el sudor causado por el fragor de la batalla supurando en las yagas que el enemigo ha abierto en nosotros.


La guerra más dura de todas, caballeros... En la que todo vale, y la única cuyo nombre es el antónimo de si misma.


En el AMOR, y en la guerra, todo vale. Y, que yo sepa, no estoy en guerra con nadie.

domingo, 8 de enero de 2012

Bloqueo creativo


Bloqueo creativo o pereza por escribir, no lo tengo claro.
Cada día es mucho más duro enfrentarse a la hoja en blanco y pensar: Tengo que conseguirlo, tengo que hacer que todo ese infinito océano de esencia de nada rezume historias y conocimiento. Pero cada día es mucho más dificil.

No sé si es que las musas están demasiado débiles como para inspirar nada, o es que mi capacidad de redacción está mermando con el paso del tiempo. Lo único que tengo claro es que donde debería haber éxito, dedos ágiles y nerviosos aporreando teclas sin parar, ojos curiosos leyendo historias que pudieran recordarles a un pasado o aventarles un futuro, sólo hay vacío.
Blanco, blanco, y más blanco. Y cada día los pocos párrafos que escribo se hacen más pequeños, y el papel toma mucho más terreno.

A veces me imagino la separación entre lo último que he escrito y el folio en blanco como una barrera infranqueable. Un muro de proporciones bíblicas cuyo único método para atravesarlo con vida es convertir los dedos en martillos neumáticos que aporreen las teclas sin ningún sentido, orden, o coherencia, y llenar páginas y páginas de palabras inventadas, impronunciables insultos hacia mi mismo y un par de amenazas de muerte a la musa de turno, que no se digna a aparecer en mi nerviosa cabecita.
Llevo una semana, más o menos, con un bloqueo creativo del horror. Y cada vez que lo pienso se me encoje el alma.

Necesito madurar ideas, despejarme y aclararme. Los textos no salen, y desde luego no voy a sacarlos a la fuerza. Habrá que esperar.

Mis personajes se impacientan, y cada vez se ponen más nerviosos. Que si  a ver cuando me vuelves a nombrar en un relato, que si a ver si ahora puedo ser yo el protagonista, que a este paso voy a tener que volver a escribir de nuevo una descripción suya porque van a acabar olividándose hasta ellos mismos, etcétera.

Lo siento Gerald, lo siento Hans, lo siento Otto, lo siento Eva. Y sobre todo:

Lo siento, mis amadísimos, pero amadísimos lectores.