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miércoles, 23 de mayo de 2012

El escritor. (Parte 1)

Sangraba sombras, como la sangre cuando se diluye en el agua del mar al ser zarandeado un cuerpo por un escualo. Supo que le estaba mirando, aunque físicamente no tuviera ojos, y las letras saltaron de golpe en un brillo que rezumaba burbijas moradas del papel, con un sonido muy grave y seco, y comenzaron a oscilar alrededor suyo.

Emitían un sonido característico, como el de una cerbatana pequeña al ser disparada con potencia. Así, pero multiplicado por toda la legión de letras que giraban en torno a él.
Y la potencia de los caracteres que ondeaban como avispas a su vera le silbaba los oídos. Y comenzaron a soltar pequeñas descargas eléctricas no más grandes que una mina de lápiz, moviéndose por convulsiones tan rápidas que escapaban a la lógica, cuando montaron una acometida contra él.

Pero siguió sentado, firme y sereno, aguantando con lágrimas en los ojos cada espadazo literario que impactaba contra su rostro con la furia de una legión de soldados necromorfos.
Las letras continuaron avalanzándose sobre él. Sólo unas pocas, mientras el resto del manuscrito seguía girando. Notó cómo las marcas le quemaban la piel y apretó mucho los dientes.

Los símbolos cada vez caían con más fuerza, y se adherían a su piel desnuda con un brillo tenue al volar, y un pequeño destello al impactar, y quedar sellados y tatuados para siempre en la dermis del escritor.

Una letra se avalanzó en una cometida violenta sobre su frente, y soltó un leve gemido. Sus ojos se cerraron muy fuerte, abriendo, irónicamente al cerrarse, la puerta a un puñado de lágrimas que se precipitaron temerosamente al vacío de sus mejillas.
 La letra que había impactado entre ceja y ceja parecía brillar más que el resto, pero no más que sus ojos al abrirse, y haber transformado el triste líquido lacrimal en una potente y blanquecina luz que emanaba como una fuente de esperanza por sus mejillas. Había comenzado a llorar una luz que emitía un sonido abombado, pero muy tenue, casi inapreciable.

martes, 15 de mayo de 2012

(Eva) Quisiera ser.


Eva, quisiera ser lluvia para poder mojar tu vida. Para poder humedecer tus cabellos llameantes, que se escapan desde tu cabeza hacia los hombros en un bucle flamígero infinito.

Me gustaría poder ser la lluvia que resbale por tu dulce rostro acaramelado, y acariciar con mis proyectiles acuosos la vergüenza de tus pecas de tu piel de porcelana. Como quisiera poder ser las nubes para poder convertirme en niebla y volar a través de tu cuerpo casi transparente.

Poder convertirme en lluvia para recorrer todo tu cuerpo con mi poder celeste, explorar cada rincón de ti. Poder surcar mis sueños contigo de la mano, y viajar hasta ese temeroso lunar en el cuello que conecta en una sinuosa perfección etérea con el de debajo de tus labios de algodón.

Eva, quisiera ser el sol para bañar tu cuerpo con mis rayos luminosos. Poder brillar más que tu sonrisa perfecta. Poder ser el astro rey para observarte desde arriba, poder ver tu pelo carmesí ondeando en el viento, como una bandera que llama a la gloria después de la batalla que se libra dentro de tus pensamientos, Eva.
Conseguir dar calor a esa pobre personalidad que trata de aflorar con algo de autoestima perdida por la desdichada falta de juicio de un ayer bochornoso.

Quisiera materializarme en esas gotas de rocío que tapan con su manto intercalado la hierba del césped donde poses tu cuerpo, y poder acariciar cada rincón de tu ser con las briznas que eleve cuando consiga ser brisa.

Convertirme en arena de playa, para poder sentir cómo te hundes en mi cuando caminas por mi alma desnuda, mojada por las olas de un pasado que quiso volver a sentirse parte del mar.






Déjame amarte, Eva.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Pretérito imperfecto complicado.

Llantos colmados de sobresaltos musicales que pretenden huír de gritos malintencionados. Siempre quise saber cómo sería la sensación de miedo más pura, sabiendo que no pasaría nada. Entonces no era consciente de que si supiera la razón de mi miedo, este desaparecería.

Sólo espero poder marcharme, poder irme de esta cárcel de huesos y comenzar a vivir mas allá de mi. Convertirme en brisa y viajar hasta los más oscuros rincones del universo. Poder contemplas la bóveda celeste desde arriba y sentir que domino la tempestad y su posterior calma.

Cuando esta sensación que comienza en el estómago, sube hasta el pecho y comienza a latir aparece, sólo quiero marcharme a vivir otra vez, lejos de mi. A notar la musicalidad recorrer los callos de mis dedos, Poder vivir de nuevo en la idiocia, donde era feliz, donde describía el mundo sin mayor esfuerzo, desde el punto de vista de un niño sin formar. Donde todavía una madre suspiraba por su hijo.

Donde tantas lágrimas se han escapado, ya no soy feliz, donde tantos recuerdos visitan mi mente cada día. Donde nuevas ilusiones llegan, con un turbio ayer que critica mi subconsciente, pero que mi corazón y mi terreno más pasional y visceral no tiene otro remedio que querer. Ese camino que una vez mi alterna existencia andó antaño, que jamás, bajo ningún concepto se atrevería a volver a pisar, y que, con falsas lágrimas y amargas sonrisas se despide de un pasado bochornoso, queriendo olvidar, pero sabiendo que sus recuerdos son lo único que queda latente en un cuerpo vacío y lleno de pobredumbre.

Quisiera ser rayo de sol, para bañar al mundo con mi luz cada día, para poder tocar y sentir con total impunidad. Cómo quisiera ser aire. Poder respirar sobre mi mismo sin temor a topar con otra brizna de hierba mal cortada que me tapone los sentimientos que tratan de explotar desde mi pecho, manchando de lírica sangre mis pasos de cristal rallado por la codicia de un futuro que aún no ha llegado por miedo al qué dirán. Si qué dirán se pregunta un futuro ¿Por qué esto fue? se preguntará el pasado. Pero ya nadie sabe qué será.

Será que necesito respirar de nuevo, y volverme a sentir libre. Si supiera cómo quitarme estas molestas cadenas oxidadas por el paso del tiempo en forma de llanto. Si supiera cómo parar la fuente de mis ojos. Si pudiera imaginar de nuevo, y saber sentir. Si pudiera hacer que me diera igual el resto de iguales. Pero tengo demasiada envidia de la gente, esa gente que saber ser feliz y consigue su objetivo. Esa gente a la que tanto he odiado. tengo demasiado rencor acumulado en forma de frustraciones plasmadas en un papel arrugado de tantas lágrimas. Como un libro de notas que va envejeciendo conforme el tiempo golpea sus maltrechas páginas en las cuales únicamente hay dolor y tristeza reflejadas por la esencia vital de una vida que lucha por salir de allí. De mi.

Con el miedo constante a no volver a sentir esto que siento ahora. Con el miedo de no saber cuando podré volver a crujirme los dedos cansados de tanto desnudarme el alma.

Poder mirar al folio en blanco, con valor, y decirle que no le tengo miedo. Bien alto y bien claro, reventando de la tensión las cuerdas vocales. Cómo quisiera poder seguir sintiendo en el papel, pero ya está, ya no hay nada. Tal vez algún día ella vuelva. Hasta que no lo haga, así es como quedarán las cosas. Taciturnas, y desesperanzadoras.





Ya no sé qué más hacer. Todo me supera.