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jueves, 21 de marzo de 2013

Odio.


No sé si estoy lleno de odio o es el odio el que está repleto de mi. Me consume, me posee, y se alimenta. Soy la explosión de la caja de Pandora, el puro terror, la muerte, la maldad, y la desolación.
Quiero vomitar sangre sobre cuerpos mutilados en una capilla de voces acalladas por los nudillos de la adversidad. Maldad a ultranza, el nivel más extremo de lo obsceno y glorioso a partes iguales, negrura celestial invadiendo todos los rincones de mi piel, mis brazos rezumando sombras, feroces y descontrolados, clamando venganza.

Poder apuñalar carne muerta, desgarrando los músculos con mis propias uñas, pues la muerte llegó cuando ya era tarde, y que los gritos de dolor penetren en mi cabeza y reboten en ella haciéndome sonreír. Disfrutar de la violencia que se introduce en mi cuerpo y recorre mi sistema nervioso dejando la humanidad a un lado. Convertido en bestia, con apariencia humana, comportamiento animal, con la rabia inundando mis ojos repletos de sangre, desorbitados y perdidos en el infinito.
Odio en los pulmones, respirando veneno y fuego haciéndome explotar el pecho. Absoluto descontrol y desenfreno cayendo sobre mi piel purulenta en forma de lágrimas. Y con el único arma de mis manos, conseguir la anhelada soledad, y resurgir desde las profundidades de un océano de lodo y barro tintado con sangre y sudor.
Sociopatía extrema perlada de saliva, tanta hambre, desidia, querer morder mis propios nudillos hasta carcomer el hueso ensangrentado que sostiene mi cuerpo, y estallar en declaraciones de guerra al no soportar el dolor. Gritarle al cielo, sodomizando la bondad, haciendo que las voces que devoran mis entrañas cierren su sucia boca. Llegar a la felicidad plena en sapiencia del infinito e insoportable sufrimiento de los demás. Una burla al amor del prójimo, asesina y cruel, despiadada y pútrida. Sentir su alma estallar en mil pedazos y sus cuerdas vocales desgarradas azotando la espalda de quienes las usaron para contraargumentar mi insoportable agonía.

Marcas lacerantes abiertas que rompen todas mis venas. Ya no hay esencia vital, sólamente lava y lejía devorando las células que se adueñan de todo lo humano que pudiera haber existido en mi. Gritar en la boca de mi enemigo, asustando su rostro con el ácido corrosivo de mi saliva ardiente. Agujerear su piel en un desahogo eterno que mutila cuerpos condenados al ostracismo de la propia vida. Aplastar su cráneo con pisadas de justicia y sentir inmensa alegría al escuchar el crujido de los huesos al romperse dentro del cuerpo de su dueño. Disfrutar con su agónico trance.

Gritos ahogados de vísceras vomitadas sobre el dolor, reventando sus intestinos quemados por el ácido de la discordia. Pura culpabilidad llevada a una esquizofrenia que hace imposible el perdón. Sin piedad, ni remordimientos. Sólo existe el odio.


Después, llegará la soledad, y con ella, la felicidad y el descanso.

lunes, 18 de marzo de 2013

Rostro pétreo.


Mi rostro pétreo vuelve a llenarse de musgo y vuelve a ser invadido por las enredaderas. En mi cara, esa gran losa de piedra, se dibuja una leve sonrisa, una sonrisa falsa atrapada entre barro y arena. Mis ojos, perfilados con martillo y cincel lloran sangre seca por el paso del tiempo, y mi cara se vuelve aún más rocosa y agrietada. El musgo invade cada recoveco y lo llena de verde, mientras la hierba crece dentro de mi cabeza, y mi cráneo se llena de insectos. Mis pensamientos son sólo arenisca, vendavales de agua y vida, que creía morir mientras más se petrificaba. Descansando muy dentro, mi alma ardiendo, tratando de estallar. Tratando de quitarse las cadenas, encerrada en esa prisión de piedra, hueso y piel. Latente, sangrante, sombría y temerosa, lucha por reventar de una vez por todas.
Trato de gritar, pero la piedra ni se inmuta, mis labios permanecen sellados, con ríos de cera escurriendo entre las comisuras, con la llama de un viejo recuerdo que se estrella contra mi, y el mi, se vuelve aún más duro.

¡Y quiero llorar! Pero no puedo. Mis lágrimas ¿Dónde están mis lágrimas? ¿Qué es esta desesperación que me recorre el pecho? ¿Por qué siento esto? Mi voz resuena en mi mente, y rebota en mi cráneo de mármol una y otra vez. El eco se hace  insoportable. Noto las miles de hormigas, escarabajos y gusanos arrastrándose y corriendo por debajo de mi piel rocosa. Me chillan, y no paran de gritar. Trato de llevarme las manos a la cabeza, pero me es completamente imposible moverme. ¿Cómo se controla esto?
Ojalá una catarata de pureza sobre mi. Ojalá fuego abrasador calcinando cada pliegue de mi piel, y penetrando en mis músculos, agrietándolos y haciendo estallar todos los órganos.

Todos los recuerdos de cuando tenía apariencia humana. Todas las sensaciones que pude sentir cuando aún tenía alma. No sé dónde habré dejado el corazón, pero sé que me late a mil por hora, a un ritmo vertiginoso y desenfrenado, una velocidad ridícula. Una pasión que me está haciendo implosionar en una mezcla de arena, insectos y sangre, que acabará reventando en una orgía de deshechos humanos. Una amalgama de órganos y arena lloviendo sobre la ciudad. No puedo soportar esta cárcel de roca abrasadora, mi alma quiere salir. Las manos me arden de una forma horrible, pero no puedo moverme para verlas. La angustia se apodera de mi, y la paranoia se instala como un virus en mi mente. Mi cabeza, repleta de porquería y podredumbre, sucumbe ante la virulencia de ideas macabras que recorren mi columna vertebral a la velocidad del rayo, y un espasmo involuntario me hace vibrar.
Por fin, un gemido gutural se abre paso desde el hueco más oscuro de mi interior, de pronto, de repente, espontáneamente, sin querer, obligándome a romperme, literalmente, en mil pedazos. Y siento cómo vibra todo mi cuerpo, mientras se descompone, y se esparce por el cielo.

Me siento caer en forma de lluvia sangrienta y podrida sobre la ciudad, sobre los rostros de la gente que, impasible, continúa con su vida, como el que oye llover. Ya no puedo gritar más.
Ahora sólo soy lluvia.


Pero sigo sin ser libre.

viernes, 15 de marzo de 2013

Mujeres.


Trata de pensar en lo más bello que pueda tu mente imaginar. Trata de buscarle la lógica a la locura, lo divertido a la cordura, la razón a la sinrazón, o la luz a la oscuridad. Imagina que tus sueños se hacen todos realidad a la vez, como por arte de magia. Imagina que tu vida se llena de sonrisas y de lágrimas de un día para otro. Que lo tienes todo y a la vez nada. Que tu único motivo para levantarte por la mañana es seguir envenenándote con esa droga que sabes que no hace más que destruirte  pero que aún así, sigues pinchándote para sentir ese orgasmo en el pecho que te hace reventar de placer por dentro. Mecer tu cuerpo en una hamaca sobre la hierba. Trata de imaginar la pasión materializada en curvas y piel transparente. Buscarle lo bello a los celos, poder morir de amor. Trata de buscar lo obvio a lo complejo, la belleza en la fealdad, o la habilidad en la torpeza. Trata de sentir el cabello ardiente enredándose entre tus manos, abrasándote las articulaciones de los dedos. Trata de sentir las arrugas de un árbol como sientes la fina arena de una playa en los pies. Imaginar a la madre de todo, el amor de una hermana, el cariño de una hija. Trata de imaginar la razón de ser de la raza humana.


Trata de sentir.